Momentos de profundo recogimiento hasta la alegría inmensa que nos produce a los cristianos celebrar la Resurrección de Cristo, fue lo que vivimos durante esta nueva Semana Santa que además nos unió como comunidad.
A lo largo de estos días, estudiantes, educadores y familias participaron en diversas instancias que nos invitaron a detenernos, reflexionar y volver al centro de nuestra fe. Los Vía Crucis, adaptados a cada ciclo, permitieron recorrer el camino de Jesús desde una experiencia cercana, conectando su entrega con la vida cotidiana y la construcción de una comunidad más fraterna, de la cual todos y todas somos responsables.
Como educadores, también vivimos nuestro propio momento de oración y encuentro, reconociendo en la cruz de Cristo los desafíos de nuestra vocación y la importancia de sostenernos como comunidad que acompaña.
El Jueves Santo nos reunió en torno a la eucaristía, bajo el signo de “La mesa de todos”, recordándonos que el amor de Jesús se expresa en el servicio concreto, especialmente hacia quienes más lo necesitan.
La Vigilia Pascual, celebrada el sábado, nos permitió vivir con profundidad el paso de la oscuridad a la luz, en una liturgia marcada por el fuego nuevo y la esperanza que renace en Cristo Resucitado.
Finalmente, este lunes celebramos con alegría la fiesta de la Resurrección, compartiendo como comunidad en el patio central, en un ambiente sencillo y lleno de vida, donde cada curso se reunió en torno a la mesa, celebrando juntos el triunfo de la vida sobre la muerte.
Así, como comunidad de los Sagrados Corazones, renovamos nuestro llamado a contemplar, vivir y anunciar el amor de Dios, haciendo de nuestra vida cotidiana un espacio donde la fe se encarna en gestos concretos.


