El martes 11 de agosto, las familias de séptimo y octavo básico se congregaron en un encuentro de formación: «Comprender para acompañar. Adolescencia, familia y colegio», organizado por los equipos de Orientación, Apoyo Escolar y Convivencia Escolar del colegio.
Expusieron Sebastián González, orientador, y Carlos Olguín, coordinador de Apoyo Escolar, junto al acompañamiento de María Teresa Pimentel y María Ignacia Egaña. Tuvimos una alta participación, lo que nos llena de esperanza, porque padres comprometidos en la formación de sus hijos e hijas nos asegura un cimiento firme también para nosotros como colegio.
Queremos aquí dejar un resumen y el material que se expuso para quienes no pudieron asistir, pues creemos que estas conversaciones son muy necesarias para poder colaborarnos en la crianza y la educación de nuestras y nuestros jóvenes.
La adolescencia, esa etapa de cambios
Entre los 10 y los 19 años ocurren transformaciones físicas, cerebrales, emocionales y sociales. Se intensifica la búsqueda de autonomía, la construcción de la identidad y la necesidad de pertenecer a un grupo. Frente a esto, los adolescentes necesitan adultos presentes y constantes que los ayuden a aprender a usar su libertad.
Identidad, pertenencia y presión de pares
Preguntas como «¿quién soy?» o «¿dónde pertenezco?» cobran fuerza en esta etapa. Las amistades pasan a ocupar un lugar central, y la pertenencia a un grupo puede proteger o, si el temor a quedar fuera es muy fuerte, presionar a actuar de formas que individualmente el adolescente no elegiría.
Exposición a conductas de riesgo
Alcohol, tabaco o vaper, fiestas, redes sociales y desafíos digitales son parte del panorama con el que conviven hoy los adolescentes. La prevención pasa por conversar antes de que ocurran las situaciones, entregar criterios y enseñarles cómo responder frente a la presión.
El rol protector de la familia
Saber dónde están, con quiénes y cómo usan las redes sociales no es invadir su privacidad: es ejercer con responsabilidad el rol de adulto. Los límites claros, coherentes y sostenidos en el tiempo les entregan un marco seguro para aprender a decidir.
Buen trato y autoridad
Afecto y autoridad no son opuestos. Se puede escuchar y validar lo que un hijo o hija siente sin estar de acuerdo con todas sus decisiones, y sostener un límite —aunque incomode— también es una forma de cuidar.
La jornada cerró con una actividad práctica para las familias, «Una red que protege», y con una reflexión final: la adolescencia como un vuelo con despegue, momentos de calma, turbulencias y un aterrizaje en la vida adulta, donde la familia y el colegio son el cinturón de seguridad que sostiene todo el trayecto.


